¿Qué es una cuña y qué implicaciones tiene?

A raíz de nuestros últimos análisis sobre el Ibex 35, en los que hemos mencionado repetidamente la posibilidad de que se estuviera conformando (y confirmando en el caso de otros mercados) una cuña alcista con implicaciones bajistas, no son pocos los correos que he recibido pidiéndome aclarar algo este tema de las cuñas.

Dicho lo más claramente posible, una cuña no es más que un período de tiempo en el que los precios, tras una tendencia previa instaurada (sea bajista o alcista) y en más de una ocasión bastante acelerada, marcan un techo o un suelo temporal, según el sentido de la tendencia precedente. Desde ese mínimo o ese máximo, comienzan un movimiento en sentido contrario al de la tendencia previa, movimiento que también suele presentar cierta aceleración en su desarrollo, o lo que es lo mismo, viene guiado por una directriz bastante inclinada.

En ese período de tiempo en el que el precio reacciona contra la tendencia previa, las ondas que se describen van chocando sucesivamente sobre dos líneas que cada vez estrechan más su rango (directriz o suelo y resistencia o techo) y que dan nombre, por su forma resultante, a la formación.

La teoría dice que esta formación, variación de las pautas triangulares, no es más que un período de descanso en la tendencia precedente, en la que los operadores más nerviosos realizan plusvalías y el bando que venía dominando el mercado se toma un respiro, todo ello con volumen a la baja. Esa misma teoría dice que, tarde o temprano, la cuña acabará rompiéndose en el sentido de la tendencia previa (momento en el que se confirma la pauta), comenzando con ello una nueva onda tendencial.

De ahí la paradójica denominación de cuñas alcistas con implicaciones bajistas o cuñas bajistas con implicaciones alcistas.

En el caso que actualmente nos ocupa en los mercados, estaríamos asistiendo a la confirmación de una pauta de cuña alcista con implicaciones bajistas, confirmación que, por tratarse de formaciones no excesivamente fiables y siempre sujetas a ser redibujadas con nuevas directrices, no alcanzará la prueba del nueve hasta que los precios no crucen al alza o a la baja (según el caso) el máximo o mínimo que dio lugar al inicio de la formación.

En cualquier caso, y dejando a un lado las dudas sobre su fiabilidad, lo que sí dejan claro estas formaciones es la existencia de una directriz (alcista o bajista) que guía al precio en la reacción contra la tendencia previa y que es rota en el momento de la confirmación, lo que ya de por sí implica una señal de peligro; así como una línea de resistencia dinámica contra la que el precio choca una y otra vez sin conseguir su superación. Dos motivos más que suficientes para no fiarse demasiado del movimiento de reacción que implica ese período de la serie desde una visión de medio plazo, si bien los operadores de las distancias cortas hayan de mantener su amistad con la tendencia cortoplacista mientras no haya motivos para dudar de la misma.

La pérdida de la directriz alcista que ha guiado a los mercados desde enero o marzo, según el caso, es un primer síntoma de debilidad cortoplacista. La pérdida de importantes niveles horizontales de soporte (13.045 en el caso de nuestro Ibex) serían ya palabras mayores.

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Categoría: Bolsa, Indices

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