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¿Se avecina una guerra de divisas?

usd-jpy-grafico-semanal-06-octubre-2010Salía hoy a la palestra el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, ese francés de apellidos alemanes en los que se conjugan un músico célebre y algo empalagoso  y un enrevesado aunque genial filósofo, y lo hacía para erigirse en paladín del liberalismo en los mercados de divisas, o dicho a la francesa, en defensor del laissez faire que tanto bueno como malo nos ha traído desde tiempos inmemoriales.

Si a mediados de septiembre era el gobierno japonés el que daba un puño encima de la mesa del mercado de divisas, harto de ver cómo su moneda se revalorizaba frente a las principales divisas mundiales, ahora han sido los brasileños, representantes de eso que llaman economías emergentes, los que han avisado del empacho que les produce ver a su real por las nubes.

Si bien ambas declaraciones de intenciones no han pasado precisamente de eso, quedándose el puñetazo nipón en un calentón apenas apreciable un par de días en el cambio del yen respecto al dólar, y no  habiendo tenido la cuestión brasileña otros efectos apreciables que las subidas vistas hoy en nuestra OHL (efecto colateral en toda regla), anda el bueno de Strauss-Kahn con la mosca detrás de la oreja.

Si el mercado se sigue tomando de esta manera las veladas amenazas, a lo peor pasamos de las intenciones a las acciones y la cosa se nos desmadra. Porque, puestos a elucubrar, si Japón decide seriamente devaluar su moneda para potenciar con ello sus exportaciones, y las economías emergentes hacen otro tanto, ¿a ver por qué no van a poder hacer lo mismo en otras partes del planeta? Y, si todos entran en esa dinámica, ¿en qué puede acabar todo esto?

Es fácil entender, pues,  lo preocupado que anda el director del FMI con todo el asunto, hasta el punto que ya ha dejado entrever que, de iniciarse las hostilidades, una de las primeras víctimas no sería otra que la recuperación económica. Y, llegado el caso, lo que empezó como un intento de defender la venta de los productos propios en mercados foráneos acabará por reducir el mercado.

¿Qué acabará ocurriendo? No lo sé, pero ando en ascuas esperando el siguiente capítulo. Lo que sí sé es que el mercado, el Forex, al igual que los mercados bursátiles, es una eficiente máquina de descontar expectativas (expresión ésta que acuñamos por aquí y que ya he oído usar a algún reputado analista patrio). De la misma manera que hace poco comentábamos lo poco impresionados que andaban los operadores con la supuesta devaluación del yen, estamos seguros de que, si la cosa va a mayores, los cambios de las divisas reflejarán esa guerra en los gráficos, incluso antes de que suenen los primeros cañonazos.

Seguiremos los acontecimientos.

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