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Las dos caras del Ibex 35 o la aceptación de lo obvio

El mercado siempre tiene razones para hacer lo que hace. Puede ser que no las conozcamos en un momento determinado, pero, aunque ocultas, siempre están detrás de cada movimiento. Si el mercado decide seguir pagando cada vez un precio más alto por un determinado valor (en eso consiste básicamente una tendencia alcista) y, por contra, no acaba de encontrar el precio idóneo para comprar otro, dejándolo correr a la baja, sus motivos tendrá.

Intentar escudriñar esas razones que propician el movimiento de los precios es una tarea inútil de cara a la operativa y ajena al análisis técnico. Nos interesa el movimiento en sí mismo, no sus motivos. Despojar nuestra mirada de todo intento indagatorio puede ahorrarnos una pérdida de tiempo y, lo que es más importante, hacernos ver con más claridad la realidad de las cosas. Comprar valores alcistas y vender, o al menos abstenerse de adquirir, valores bajistas es, aunque parezca asombroso, una lección que todavía muchos operadores no han acabado de asimilar. La aceptación de lo obvio choca contra mecanismos de la sicología humana, tales como el deseo de adelantarse a los acontecimientos, produciendo en no pocas ocasiones resultados desastrosos en nuestra cuenta de valores.

Cuatro ejemplos sacados de nuestro estrecho Ibex 35 pueden servirnos para ilustrar esta reflexión. La cara A del Ibex la constituyen series como la de Ebro Puleva o Técnicas Reunidas, capaces de pasar de puntillas sobre el delicado momento que vive nuestra bolsa, dibujando pausada  lateralidad donde otros dibujan desplome acelerado. La cara B la ocupan títulos como Sacyr Vallehermoso o Banco Popular. Esos canales bajistas de medio plazo dejan claro cuál es el sentimiento del mercado respecto a ellos.

Dejando a un lado rebotes o correcciones puntuales, se debe comprar la cara A y vender, o dejar pasar, la cara B. Seguramente algún día esos valores castigados proporcionarán pingües beneficios en el lado comprador, y seguramente también tendremos oportunidad de darnos cuenta del cambio de opinión del mercado con la debida antelación. Y es que entonces, cuando eso suceda, volverá a haber razones para ello, sean las que sean, razones que quedarán expresadas en el gráfico.

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