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Teoría y práctica de los huecos en el Ibex 35

Steve Nison ha sido el autor que más y mejor ha contribuido a la introducción de las velas japonesas en el análisis técnico occidental. Por más que este buen señor pueda haberse convertido en un analista trasnochado más preocupado por vender sus libros en las abundantes conferencias que ofrece por todo del mundo, yo siempre recordaré aquellas páginas en las que se dedicaba a dejar constancia de la especial relevancia que los operadores japoneses concedían a los huecos producidos en los gráficos.

Un hueco, una ventana o un gap (que por todos estos nombres es conocida esta pauta chartista) no es otra cosa que un espacio en blanco dentro de la serie de precios, producto de un sentimiento extremo de mercado que propicia que los inversores desprecien, muchas veces desde el principio mismo de la sesión (huecos de apertura), toda una banda de precio en la negociación.

El resultado, visualmente hablando, es precisamente un hueco en blanco en la gráfica. Unos entienden que sólo hay tal gap (ya sea bajista o alcista) cuando existe ese espacio en blanco entre los mínimos de una sesión y los máximos de la siguiente, o al revés. Estaríamos, en este caso, ante lo que pudiéramos llamar huecos puros. Nosotros nos inclinamos más por considerar los huecos de apertura, sobre todo cuando son significativos, los cuales tienen en cuenta la diferencia de precio entre el nivel de cierre de un día y el de apertura del posterior.

Ambos tipos de ventanas pueden coincidir: un hueco de apertura puede englobar también a un hueco puro. Lo que sí cambiará serán los niveles de precio a tener en cuenta en uno y otro caso. Y esta diferencia no es cuestión baladí, como verán más adelante.

Hasta aquí, el lector podría preguntarse por los motivos para incluir toda esta perorata teórica en una página en la que siempre intentamos dar una aplicación práctica a las cuestiones teóricas. La respuesta viene de la mano de los dos típicos efectos que tienen los huecos sobre el precio y de cómo esos efectos se han materializado recientemente en nuestro Ibex 35.

El primero, el efecto atracción, hace que la cotización tienda a retornar hacia esa banda de precio despreciada en su momento, llenando con ello el espacio en blanco que el gap había dejado en la serie. Producida esta atracción, entra en juego habitualmente el segundo efecto: el hueco suele funcionar como soporte o resistencia para el precio, según haya sido el sentido del gap en cuestión. Ventanas alcistas propician zonas de soporte para futuros retrocesos y huecos bajistas se convierten en resistencias nada fáciles de batir por futuras recuperaciones de la cotización.

El nivel que marca ese soporte o resistencia, en precios de cierre, coincidirá con el punto más bajo o más alto del hueco, según el sentido de los precios. Según consideremos huecos puros o huecos de apertura, estos niveles podrán variar.

Tomando la situación actual de nuestro Ibex 35 como ejemplo lo entenderán mejor. El pasado 31 de enero el índice cerraba en los 8.362 puntos, que además eran los mínimos de la sesión. Al día siguiente, el Ibex abría en los 8.233 puntos. Estos 130 puntos de diferencia entre (banda amarilla en la serie adjunta) cierre y apertura constituyen, desde luego, un más que significativo hueco bajista de apertura que convierte a esa banda de precio en una resistencia a tener en cuenta para futuras recuperaciones, siendo su nivel más alto (los 8.362 puntos) la resistencia a batir en precios de cierre.

Si fuéramos de los que sólo consideran los huecos puros, la banda de precio a tener en cuenta no comenzaría en esos 8.233 puntos, sino en los 8.301 que fueran los máximos de la sesión del 1 de febrero. En el caso que nos ocupa, la diferencia entre una y otra forma de considerar los huecos pierde importancia, ya que en la vela en la que se inicia el gap bajista (la del 31 de enero) los mínimos de la sesión y el cierre vinieron a coincidir en los 8.362 puntos. Por tanto, la resistencia a batir será la misma para unos y otros.

Mucha teoría quizá la que hoy hemos dejado por aquí. Quédense con sus aplicaciones prácticas, las mismas que nos llevaron hace unos días a escribir un análisis de nuestro Ibex en el que invitábamos a nuestros lectores a no lanzar las campanas al vuelo. Observen la gráfica que acompañamos y comprobarán cómo el efecto atracción y el efecto resistencia están ahí. No desprecien la teoría, siempre que no se convierta en un fin en sí misma. Aplíquenla a las situaciones que el mercado nos presenta y extraigan sus conclusiones.

La nuestra sigue siendo que los 8.365 puntos (por redondear algo) del Ibex 35 tienen la clave en el muy corto plazo. Seguiremos los acontecimientos.

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